La Revolución industrial
La Revolución Industrial tuvo su origen en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y desde allí se extendió a otros países. En España la Revolución Industrial se produjo en el siglo XIX. Las fábricas se concentraron principalmente en Cataluña y en el País Vasco.
Los talleres artesanos fueron sustituidos por fábricas, donde los obreros trabajaban con máquinas. En esta época se inventó la máquina de vapor y se utilizó una nueva fuente de energía, el carbón. La máquina de vapor se aplicó a los transportes y la industria.
Se inventaron el ferrocarril y el barco de vapor. Permitieron transportar un mayor número de personas y mercancías. Además, recorrían largas distancias en menos tiempo.
Se desarrollaron la industrial textil y la siderurgia. Los telares mecánicos fabricaban tejidos a gran velocidad y los altos hornos producían acero de calidad.
La Revolución Industrial provocó importantes cambios económicos y sociales: se pasó de una sociedad basada en la agricultura a otra fundamentada en la industria.
El ferrocarril
En 1825, el inglés George Stephenson construyó la primera línea de ferrocarril. Se utilizó para transportar mercancías. En 1830, se inauguró en Inglaterra la línea de ferrocarril para el transporte de pasajeros.
En España, la primera línea fue la de Barcelona-Mataró en el año 1848.
La sociedad
La sociedad del siglo XIX estaba organizada en clases sociales, que son grupos que se distinguen por su nivel de riqueza.
La clase alta. Estaba formada por las personas más ricas: la aristocracia y la burguesía.
La aristocracia estaba formada por los propietarios de grandes extensiones de tierra.
La burguesía, en cambio, eran los dueños de las fábricas, los grandes comerciantes y los banqueros. Se convirtieron en el grupo social más importante.
La clase media. Estaba formada por pequeños comerciantes y empresarios, pequeños propietarios de tierras y algunos profesionales, como médicos, abogados, funcionarios, artistas...
La clase baja. Tenía pocos recursos económicos. La formaban campesinos y obreros.
Los campesinos trabajaban las tierras de los grandes propietarios.
Los obreros trabajaban en las fábricas a cambio de un salario. Sus condiciones de vida eran muy duras: tenía jornadas de trabajo de más de doce horas, cobraban un salario muy bajo y vivían en barrios mal acondicionados. Además, muchos niños trabajaban también las fábricas por salarios aún más bajos que el de los adultos. Por ello, para defender sus intereses, los obreros se agruparon en sindicatos.


