La vida en el campo
La mayoría de los campesinos trabajaban las tierras de un nobre o de un monasterio. Solo unos pocos poseían sus propias tierras.
Con su trabajo pagaban los impuestos al rey, a la Iglesia y al propietario de las tierras y, con lo poco que sobraba, subsistía toda la familia.
Los campesinos y campesinas vivían de forma muy modesta en pequeñas aldeas formadas por unas pocas viviendas.
Las casas eran sencillas y pequeñas. Las construían con barro, madera y paja. En su interior había un espacio para el ganado y otro para la familia. Este último servía como comedor y dormitorio para todos sus miembros.
Las familias campesinas se alimentaban de sus cultivos y se vestían con la ropa que tejían. El nivel de vida era muy bajo: comían mal y carecían de medicamentos. Por eso, la vida era corta. Las personas que superaban los cuarenta años eran consideradas ancianas.
La vida en la ciudad
Aunque la mayoría de las pesonas vivían en el campo, a partir del S.XII, gracias al auge del comercio, las ciudades crecieron.
Las ciudades estaban rodeadas de murallas y tenían puertas que se cerraban por la noche. Se organizaban en barrios o burgos y sus habitantes se llamaban burgueses. Estaban gobernadas por un ayuntamiento.
La mayoría de las casas eran sencillas. Sin embargo, también había palacios, en los que vivían las personas más ricas. El edificio más destacado era la caterdral, sede del obispo. Algunas ciudades poseían una universidad, a la que llegaban estudiantes de lugares lejanos.
Además, había numerosos talleres. Los artesanos que tenían el mismo oficio se agrupaban en gremios y se concentraban en el mismo barrio. Los comerciantes y campesinos acudían al mercado que se celebraba en la ciudad para vender sus productos.